
Algo en tu cara…
Galería Phuyu
Ciudad de Buenos Aires, 2024
Texto de Elena Oliveras
Federico Porfiri.
Entre el simulacro y la disipación
Algo en tu cara… nos introduce en un universo de preguntas. Como corresponde a nuestro mundo en transición, todo se mezcla entre el afán de simulacro y de disipación, entre el enmascaramiento y la desaparición. Como auténticos detectives, los espectadores deberán descubrir la presencia humana en medio de insólitos paisajes. Desde un primer momento se presiente esa presencia si bien no es vista con claridad.
Una suerte de vértigo óptico tiñe nuestra visión. ¿Miramos nosotros la obra o ella nos mira? Hay ojos por doquier. Entre el solipsismo y el voyeurismo esos ojos habitan en ventanas y en objetos conformando un panóptico destinado a observarnos disimuladamente.
Pero, en definitiva, qué se encuentra detrás de las caras. ¿Hay en ellas espanto o sorpresa? ¿Son idealistas o pesimistas? ¿Qué hay en ellos, enojo o ironía? La facultad de la imaginación se suma al acto de visión para elaborar un relato de existencias temporales que transcurren en medio de mutaciones metafóricas. Y así siguen las preguntas en torno a posibles simulacros: ¿Hay venas o cañerías? ¿Lápices o misiles? ¿Construcciones o cuerpos?
Porfiri hace muy buen uso de la estética del fragmento y de lo “molecular” con formas blandas que flotan y se desligan en el espacio. El espectador debe emprender la tarea, nada fácil, de hallar el hilo unificador.
Retomando aspectos lúdicos de la ilustración, el artista nos introduce en un juego de acertijos que nos lleva finalmente a concentrarnos en nosotros mismos. ¿Qué hay en nuestras caras? ¿Somos nuestros propios simulacros? ¿Logran nuestros ojos reflejar el alma, como se solía presuponer? ¿Hablan de nuestros deseos profundos cuando los algoritmos parecen conocernos mejor que nosotros mismos?
Si, como decía Proust, “cada lector, cuando lee, es el propio lector de sí mismo” los personajes de Porfiri son instrumentos ópticos que nos incitan a encontrar el sentido de la propia singularidad disipada. En el mismo momento de encontrarlo se descubrirá que, efectivamente, había “algo en sus caras”.
Elena Oliveras
Elena Oliveras es miembro de Asociación Argentina e Internacional de Críticos de arte y de la Academia Nacional de Bellas Artes.

Esquema. Cómo contar historias
Pasaje 865, Fundación CIPAC
Ciudad de Buenos Aires, 2022
Esquema
[Cómo contar historias]
Un buen esquema o plan de trabajo aporta la seguridad necesaria para contar una historia. Esta es, ante todo, una muestra de esquemas, de líneas de pensamiento que pueden o no prolongarse en el tiempo.
El esquema debe permitirnos pensar con libertad y frescura. Con el tiempo, surge el rasgo personal o gesto de forma azarosa o inconsciente. Consecuentemente, se irán configurando metáforas capaces de conectar lo que en el mundo cotidiano aparece inconexo y fortuito. Como señala Oliveras «…la metáfora pone en figura la “verdad” de una existencia, sus razones más profundas.» El poeta y el artista producen a través de ella un vínculo cómplice con el lector o el espectador.
Más allá de su aspecto formal, una obra siempre nos estará contando una historia. Evitar lo narrativo es imposible aún en una obra abstracta. La poesía y arte hacen surgir nuevos mundos que proveen de sentido al lenguaje y la vida.
Temas como la banalización de la violencia, la relevancia de la naturaleza y la importancia de actuar en un mundo conflictivo y globalizado emergen en esta exposición. Según Ricoeur «…actuar significa ante todo operar un cambio en el mundo.» Y la acción es, y al igual que el texto, una obra abierta.
Interpretar las metáforas y conducir esas acciones de un modo relevante es la tarea que nos apremia y nos toca. Un esquema puede orientarnos en esa tarea y, si al seguirlo, vemos que es necesario modificar el plan, se cambia.
Federico Porfiri

Tron Tron Tron
Galería Buenos Aires Sur
Ciudad de Buenos Aires, 2018
TRON TRON TRON
¡Tron tron tron!
¡Rum rum rum!
¡Chin chin chin!
¡Pim pam pum!
El sonido de las máquinas nos hizo pensar
que el futuro puede ser el pasado.
Federico Porfiri
Muerte súbita
Él es el hombre máquina
Autómata, replicante
Repite las palabras que otros escribieron por él
Cibernauta deformado de tanto mirar a la pantalla
Se mira a sí mismo y no se reconoce
Se enamora de aquella imagen que ve hasta que se ahoga en el flujo informático de su conciencia que lo lleva a ejecutar la performance de su propia muerte mientras besa a su reflejo antes de hundirse en una serie de algoritmos.
María Evangelina Vázquez

Lúdica
Galería Alejandro Bustillo del Banco de la Nación Argentina
Ciudad de Buenos Aires, 2018
El juego como ritual
Es difícil pensar la cultura humana sin un componente lúdico. Hans-Georg Gadamer señala que el juego es una función elemental de la vida. Ancestralmente, ya la práctica del culto religioso entrañaba un elemento lúdico. “En el juego, en los bailes y en las fiestas el hombre busca la posibilidad de volver a acceder a la fiesta perdida, un retorno a lo sagrado y a sus ritos”, advierte Girogio Agamben. El hombre actual ya no sabe jugar más, o juega a través de la tecnología, olvidándose de poner el cuerpo. La pintura de Porfiri requiere de un espectador que se entregue de cuerpo entero al juego que propone, que sea también cojugador. Y así, por medio de lo lúdico, el artista nos permite acceder a un ritual tan viejo como cautivante, el ritual de pararse frente a una obra artística y percibir su aura. Un juego que necesita como mínimo de dos partes.
En Lúdica encontraremos sapos, insectos, gusanos y un fumigador, integrantes de un ecosistema, donde cada uno ocupa un lugar en la cadena alimentaria. Los gusanos se confunden con cordones de ADN, los sapos se descomponen en figuras geométricas, los pájaros invaden todo el espacio, aunque no resultan amenazantes, sino que son amigables y nada peligrosos. Un cibernauta aislado parece burlarse de todos los seres a su alrededor. La serie “Corazón” muestra un conjunto de los socotrocos de Porfiri donde hay varios núcleos y no se puede encontrar el centro. Cada corazón o socotroco es un mundo en sí mismo, puede ser un planeta o un universo comprimido, pero sin una forma que podamos identificar. Con estas imágenes, el artista pone de relieve la crisis de sentido en el arte contemporáneo, donde los conceptos abundan y la forma muchas veces es subestimada.
Según podemos leer en La decadencia de la mentira de Oscar Wilde, “la mentira, o sea el relato de cosas bellas y falsas, es la finalidad misma del arte”. Y de ahí podemos extraer que el artista trabaja con la falsedad, nos miente, porque crea un mundo revelador, aunque este no sea copia fiel de la realidad que nos rodea, sino una transformación de los elementos que conocemos hasta tornarlos irreconocibles. Porque el arte es nuestra encendida protesta y pone en evidencia la imperfección de la naturaleza; si esta fuera perfecta, no existiría el arte. Entonces la vida termina por imitar al arte. El artista crea un universo paralelo donde los espectadores asistimos a una mentira, felices de ser engañados por esta fábula imaginada, por la constelación de seres que no existen, geografías imposibles, sueños disparatados. Este es el diccionario que escribe Porfiri, donde organiza el mundo, instalando una nueva taxonomía de la imaginación que seguramente será copiada por la realidad.
María Evangelina Vázquez

Pensar la forma
Biblioteca del Congreso de la Nación
Ciudad de Buenos Aires, 2017
Pensar la forma
Pensar la forma es la propuesta de Federico Porfiri resumida en pocas palabras. Esa propuesta acentúa una doble función de la forma, como elemento plástico y como punto de partida de un pensamiento que promueve un nuevo reparto de lo sensible.
El gran destino del arte es hacer visible lo no visible o lo que aún resulta imperfectamente captado. Y esta posibilidad del arte resulta más que necesaria en un momento, como el nuestro, en el que todo lo que existe se nos acerca a través de las nuevas tecnologías, pero en el que casi nada es percibido en profundidad.
Porfiri interpreta nuestro mundo con lucidez y autenticidad logradas a través de una trayectoria que desarmó el orden establecido para buscar una nueva “lógica ilógica”. Los elementos que conforman su obra (y el mundo) no siempre están conciliadoramente conectados. Sus relaciones están des-definidas o amenazadas por fuerzas que escapan a la medida humana.
Dentro de un contexto de juego, solo en apariencia infantil, aparece la figura del socotroco “disparado” en el espacio. Quedará reservada a la mirada crítica del espectador el descubrimiento de la tensión entre la superficie de la forma -muchas veces geométrica y envuelta en una paleta cromática armónica- y el contenido crítico que despunta tanto a través de la imagen del socotroco como a través de la imagen de la guerra.
Ilustrador y artista, Porfiri nos muestra que es preciso ver más allá de la apariencia para encontrar las redes que atentan contra la vida. Redes de un poder que levemente se disimula en la imagen del misil-lápiz que tensiona lo que deseamos lejano (la guerra) y la cercanía del útil (ejemplificado en el lápiz) con el que podemos contar en nuestra vida cotidiana.
Porfiri se vale de la metáfora y del oxímoron para poner de manifiesto una subjetividad que, frente a todo lo que la amenaza, lucha por mantenerse en pie. Y lo logra.
Elena Oliveras

Elección Personal
Galería Imada
Ciudad de Buenos Aires, 2015
Galería Imada presenta “Elección personal”, la tercera muestra individual del artista plástico Federico Porfiri. La propuesta consiste en obras abiertas cuya ambivalencia oscila entre lo elaborado y lo inconcluso y que sólo pueden ser completadas por la participación del espectador.
“Elección personal”, devela la poética del artista, el proceso creativo previo a la realización final de las obras, a través de diversos recursos contemporáneos como: la sensación de inacabado del work in progress, su carácter experimental, la exhibición del proyecto y la invitación al juego.
Las obras de Porfiri son dibujos, pinturas, collages, assemblages y un original abecedario imantado que sólo pueden completarse mediante la actividad conceptual e imaginativa del público. Los pequeños tondos en madera se autodenominan en conjunto formando la palabra “boceto” y un cartel nos indica votar nuestra obra predilecta para que el artista la efectúe en gran formato. Las elocuentes escenas simbólicas se presentan cual fragmentos de relatos cuyo inicio y desenlace nos atañe evocar. Mientras que los retratos de sus enigmáticos personajes esperan ser dilucidados.
A través de la interacción y el juego las obras abiertas de “Elección Personal” se concluyen entre el artista y el espectador. Pero, para tal fin, la apreciación estética exige darse un tiempo para la recepción de la obra entendida como construcción, reivindicación de la intuición sensible y catarsis liberadora, en la medida que permite imaginar otros mundos posibles y también percibir aspectos que antes nos pasaban inadvertidos.
Lic. María Gabriela Figueroa

¿Cuál es la respuesta a la pregunta?
Espacio Y Lugar Cultural
Ciudad de Buenos Aires, 2014
La obra de Federico Porfiri se presenta como un umbral hacia un mundo donde el color y el trazo, dominan paisajes y construcciones. Tramas infinitas, alteradas por una sintonía de colores en un espacio onírico, parecen huir de un marco al otro creando un correlato entre los diversos espacios metafísicos.
Hábitat y desierto convergen sobre la misma imagen ¿quiénes habitan estos espacios instaurados sobre barrancos y mesetas azules? En otra instancia aparece la figura, personajes rebeldes y ambiguos, se contraponen dominados por la geometría. Malvados e inocentes, héroes y villanos, soñadores y desconocidos. ¿Quién de todos es un idealista?
Si pudiéramos imaginar y crear cómo serían nuestros personajes y sus historias ¿a dónde nos llevarían las anécdotas?…
Frente a estas incógnitas, el espectador refuerza su vínculo con la obra dentro de la sala: quiere saber sobre ella, conocer al artista y a su proceso, involucrarse, opinar y dialogar. Así, nacieron estos personajes intervenidos por la mirada del público, invitado a ser parte del proceso creativo.
Elena Oliveras distinguió en El nuevo espectador una diversidad de público dependiendo el ámbito donde se emplaza la obra. Los personajes de Federico Porfiri nacieron, como primera instancia, en el espacio virtual. El primer contacto boceto-obra finalizada con el espectador nació a través de la pantalla, es decir que la obra pertenece a un nuevo público, el que se desenvuelve en la virtualidad de internet e interactúa con la obra desde la intimidad del hogar.
Sin embargo, hay otros que sostienen que la obra se completa una vez consumado el encuentro con el receptor quien, capaz de establecer un contacto, lo atraviesa, le da forma, lo construye. Factores internos, externos, espaciales y temporales se ensamblan en una danza, donde cualquier diferencia en el lineamiento, puede alterar el resultado. ¿quién es en verdad protagonista: obra u espectador?
Ninguna interpretación es definitiva. Cada lectura y cada experiencia son únicas y semejantes a un juego de azar. Nunca sabremos con certeza dónde caerá la bolilla, en qué lugar, en qué mundo…
Los invitamos a recorrer estos paisajes; a encontrar (o imaginar) a sus habitantes; a reflexionar sobre ellos: ¿son parte de esos mundos desolados?, ¿quiénes son “los buenos”, y quiénes “los villanos”? y, sobre todo, ¿ante la mirada de quién pueden ser entendidos como tales?
C.A.F.E.
Productora Cultural

El juego de las tramas
Espacio Y Lugar Cultural
Ciudad de Buenos Aires, 2012
La seriedad de un juego plástico
La genuina obra del pintor, ilustrador y escritor Federico Porfiri presenta una poética muy personal. Su lenguaje plástico ha sido influenciado por fuentes muy diversas tales como: la pintura de Roberto Aizemberg, el dibujo infantil, la tradición constructiva y el arte digital, entre otras. En su primera muestra individual: “El juego de las tramas”, aborda el género del paisaje desde una vertiente onírica y metafísica que nos invita a reflexionar sobre lo real. Podría decirse que sus paisajes de gran formato prescinden de la figura humana para poblarse de otros elementos que los constituyen: cielos, nubes, mares, árboles, edificios, etc. La condición metafísica de dichas pinturas es exacerbada por su cualidad semi-urbana ―ya que se sitúan entre el campo y la ciudad― y también por un tratamiento depurado de la técnica al óleo que es mezclado con trementina y pigmentos minerales. Desde el punto de vista formal, sus paisajes bidimensionales armonizan la abstracción y la figuración en un todo integrado por la pulcritud del orden geométrico y un dibujo eximio que recorta impecablemente las figuras del fondo. A su vez, la estructura compositiva se suaviza tanto por el uso de una paleta acotada según la obra que explora los múltiples matices de las gamas, como por el juego persistente y a su vez variado de las tramas. Asimismo, la pericia creativa del artista abarca distintas instancias: la experimentación, el estudio, la investigación y por supuesto, lo lúdico. Puesto que se permite jugar no sólo con los elementos plásticos (tramas, líneas, proporción aurea, etc.) sino que también con los literarios (repetición, metáfora, analogía, emulación, etc.). Y en ese juego, genera también distinta resolución de los componentes de sus obras. Dicha variedad origina una riqueza que finalmente se integra a través de las formas, las tramas o bien por el uso del color. El título de esta muestra: “El juego de las tramas”, se debe a que, dentro del universo poético de Porfiri, la trama tiene un protagonismo muy notorio. Es un elemento intermedio entre la línea y el plano, que permite componer y construir a este último. Tal es así que nuestro pintor al ejecutar una obra, hace una trama y en la repetición meditativa de sus formas (que pueden ser por ejemplo: círculos, cruces, ondas, etc.) la trama le sugiere una figura o un fondo a dibujar. Es decir que, en su juego plástico de variedad y repetición, las tramas operan desde el inicio hasta la culminación del proceso creativo en tanto configuradoras del espacio de la obra y de sus elementos. Y al mismo tiempo, actúan como signos. Indudablemente las tramas son parte de la identidad y de la singularidad de sus pinturas. Ahora bien, el juego creativo del artista, ya explicitado, convoca también al espectador. Ciertamente, el autor Hans-Georg Gadamer en su libro: La actualidad de lo bello, propone al juego como un elemento constitutivo del arte que implica una participatio, el espectador está involucrado como un co-jugador activo en el proceso de recepción. Es decir que la interpretación de la obra se le presenta al mismo como desafío, un noble trabajo constructivo y reflexivo de índole espiritual. Precisamente, este tipo de reflexión, más allá del indudable deleite visual, es la que propone Porfiri en sus paisajes oníricos metafísicos. Por último, cabe aclarar el sentido que ostenta la metafísica para nuestro artista. El la sitúa a mitad de camino entre la poesía y la filosofía. Un espacio donde se crea un mundo que no es el real pero que especula espiritualmente sobre lo real. Al igual que en sus paisajes metafísicos, en los cuales las apariencias pueden corresponderse o no con la realidad. Dado que sugerirle distintos climas al espectador no implica dejar de reflexionar sobre nuestro mundo.
Lic. María Gabriela Figueroa